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Privacy is Power: Why and How You Should Take Back Control of Your Data de Carissa Véliz

En este libro se concientiza sobre los peligros de la nueva economía de intercambio de datos y sobre los pasos para recuperar nuestra privacidad

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Por Sasha Muñoz Vergara. Publicado: 14 de julio de 2021

Mientras lees esta reseña, los buitres de los datos, como se refiere la autora a las organizaciones que se adueñan de los datos, pueden estar robándote tu información más íntima, como tus contraseñas o tu imagen.

Podrían estar leyendo las conversaciones que has tenido con tu pareja o algún algoritmo de inteligencia artificial podría confundir tu rostro con el de un criminal al otro lado del mundo. “No importa si eres un don nadie, la sociedad está hecha de ‘nadies’ y es en ellos en los que las instituciones están interesadas”, dicta la autora. Este libro debería ser de culto: Privacy is Power es un llamado a educarse sobre los peligros de la era digital.

Carissa Véliz, una profesora del Instituto de Ética de Inteligencia Artificial de la Universidad de Oxford y autora del libro, narra una variedad de escenarios posibles y casos de la vida real sobre los mal uso de los datos, como el de Cambridge Analytica, el de IBM, Google, Facebook, que revisaremos más adelante y que pueden parecer un capítulo de 1984 de George Orwell, pero no son nada utópicos. Es nuestro día a día. No hay donde esconderse.

Todos los dispositivos tecnológicos están conectados para vigilarte y para ayudar a aquellos a quienes les interesa lucrarse de tus más oscuros secretos. A partir de esta premisa, Privacy is Power inicia con un recorrido cotidiano por las acciones que nos exhiben a los ladrones de datos. Entre ellas se encuentran revisar tu celular apenas despiertas, llevar tu reloj cuenta pasos a donde vayas, utilizar a Alexa de Amazon como asistente, hablar de temas sensibles frente a tu smart TV, suscribirte a páginas web que no tienen regulaciones de privacidad, e incluso, dar tu nombre a desconocidos.

Todo lo que hacemos genera datos y los datos son poder.

El libro está escrito de forma sencilla, mas trata de un asunto complejo que concierne a todos. Tanto a ciudadanos comunes, como a las grandes organizaciones de tecnología que desarrollan todas las aplicaciones, las páginas y los recursos para recolectar la información. El tema se vuelve complica cuando las instituciones gubernamentales, quienes son las que deberían velar por nuestro derecho a la privacidad, se ven involucradas en mecanismos de control y atentan contra la democracia, pues “ser vigilado todo el tiempo interfiere con la paz mental necesaria para tomar decisiones autónomas”.

Una de las polémicas sobre las que se discute son los avisos personalizados, como aquellos del escándalo de Facebook y Cambridge Analytica, los cuales serían el origen de la llamada economía de datos. La razón del descontrol es la falta de regularización, como las nuevas políticas de reconocimiento facial que la policía del Reino Unido implementó para comparar rasgos faciales de las personas con algún delincuente que se busque. Los gobiernos y sus instituciones disfrazan la violación del derecho a la privacidad con afirmaciones sobre la seguridad nacional, aunque más que protegerla, la ponen en juego.

Otra disyuntiva es el uso de datos sin consentimiento de las personas en la medicina. Aquellos datos que compran compañías de seguros o gigantes de la tecnología para incluir en sus algoritmos. “La tecnología quiere hacerte pensar que lo que trae de innovación al mercado es inevitable”, dice el libro, y lo contrasta apostando que “la tecnología no sucede, nosotros la hacemos suceder”. La autora discute que no hay tecnología que pueda sobrepasar el conocimiento humano, pues son las personas quienes introducen los datos en las máquinas.

En plena pandemia por COVID-19 han aparecido aplicaciones que, aunque no pueden diagnosticar como lo haría una prueba clínica, infieren, con sus propias bases de datos, si una persona tiene o no el virus. La Fundación Karisma realizó un estudio sobre los riesgos de privacidad de las aplicaciones gubernamentales para los seguimientos de COVID-19. Se encontró que la mayoría de las aplicaciones hacían referencia al rastreo de contacto físico y exposición, que tienen acceso a la geolocalización, comparten los datos de sus librerías con terceros y que hay falta de transparencia sobre los usos de estas apps.

Respecto a la Pandemia, el libro también comenta sobre el caso de la ciudad italiana Vo, donde falleció la primera persona en el país por coronavirus, en la que la Universidad de Padua llevó a cabo un estudio. Todo sin la necesidad de una app. En él, se testearon a todos los habitantes de la ciudad, se aíslaron los casos positivos, y luego de eso, no hubo casos de coronavirus nuevos, sin embargo la privacidad de las personas tampoco fue la prioridad. Lee más sobre cómo se llevo a cabo el experimento en este artículo.

No toda la tecnología es mala

Aunque, por los ejemplos dados, el contenido parezca desesperanzador y pareciera querer asustarnos (porque al leerlo, te entran ganas de borrar TikTok y de eliminar a todos tus amigos de Facebook), la autora tiene una conclusión propositiva y educativa. En un mundo donde las máquinas nos manejan, es tiempo de darse cuenta de que no toda la tecnología es mala, y para disfrutar del derecho a la privacidad, no es necesario privarse de todos los dispositivos que tengamos. El poder está en los datos y en lo que se hace con ellos.

¿Quieres saber cómo debes exigir y vivir tu derecho a la privacidad? Los pasos, herramientas y sugerencias están en el libro, que puedes encontrar en Amazon y Buscalibre.