A los periodistas los están matando por ejercer su oficio. Esta dura realidad no es nueva, pero sí se ha hecho más cruenta en los últimos 10 años especialmente en países como México y Siria.

 

Según el Comité para la protección de los periodistas, (CPJ por sus siglas en inglés) reportó en 2017 66 periodistas asesinados por ejercer su trabajo. Entre las 46 con causas confirmadas se encuentra la tortura por parte del Gobierno, grupos criminales o comunidades a quienes el oficio periodístico les molestó.

 

En Latinoamérica solo en el 2017, fueron 16 asesinados a tiros: dos mujeres y 14 hombres. Entre ellos una colombiana, Maria Efigenia Vásquez Astudillo, que trabajaba en la radio comunitaria indígena Renacer Kokonuko. Y si, todos estos crímenes han quedado en la impunidad.

 

En los 4 meses y 14 días que va corrido de 2018 han sido asesinados 11 periodistas, 3 de ellos latinoamericanos. ¿Dónde queda la libertad de prensa? ¿La libertad de expresión? En buenas intenciones, porque en la realidad la censura nos está matando.

 

Los periodistas ecuatorianos que mataron en la frontera entre Ecuador y Colombia son prueba de la poca protección que se les ofrece a las personas que llevamos a cabo ésta labor y del poco respeto que se le tiene a nuestras vidas. A Javier Ortega y a Paúl Rivas del diario El Comercio de Ecuador, los secuestraron junto a su conductor Efraín Serraga y a los 3 los mataron solo por llevar a cabo su trabajo.

 

Cada año, el 9 de febrero se celebra el día del periodista, un día en que nos gusta pensar en esos periodistas asesinados como valientes y temerarios por haber llevado a cabo un ejercicio tan difícil de ejercer y asusta, produce rabia, porque esas luces se apagaron. Pero nos llena hasta los huesos de ganas para seguir haciendo lo que hacemos; porque, aunque suene triste, si los mataron es porque algo hacían bien.